Barriendo por Dentro

LA PALABRA EN LA VIDA

08 de marzo de 2015

Juan 2,13-25

Jesús hizo un látigo con cuerdas, echó a todos los vendedores fuera del Templo… desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas… y dijo: «Quiten esto de aquí.  No hagan de la casa de mi Padre una casa de mercado.»

 

Al Monasterio

Cuentan que un hombre ya mayor que había recorrido años y kilómetros en la búsqueda del camino espiritual, llegó un día a un monasterio perdido en las montañas del Himalaya. Al llegar allí, tocó a la puerta y pidió a los monjes budistas que le permitieran quedarse a vivir en ese lugar para recibir enseñanzas espirituales. El hombre era analfabeta, muy poco ilustrado, y los monjes se dieron cuenta de que ni siquiera podría leer los textos sagrados. Pero lo vieron tan motivado que decidieron aceptarlo.

Los monjes comenzaron a darle, sin embargo, tareas que, en un principio, no parecían muy espirituales.

– Te encargarás de barrer el claustro todos los días – le dijeron.

El hombre se puso muy feliz. Al menos, pensó, podría reconfortarse con el silencio reinante en el lugar y disfrutar de la paz del monasterio, lejos del mundanal ruido.

Pasaron los meses, y en el rostro del anciano comenzaron a dibujarse rasgos más serenos, se lo veía contento, con una expresión luminosa en el rostro y mucha calma. Los monjes se dieron cuenta de que el hombre estaba evolucionando en la senda de la paz espiritual de una manera notable. Un día le preguntaron:

– ¿Puedes decirnos qué práctica sigues para hallar sosiego y tener tanta paz interior?

– Nada en especial… Todos los días, con mucho amor, barro el patio lo mejor que puedo. Y al hacerlo, también siento que barro de mí todas las impurezas de mi corazón, borro los malos sentimientos y elimino totalmente la suciedad de mi alma. Por eso me siento en paz.

Purificando el Templo

Esta sencilla historia tal vez nos ayuda a entender mejor el evangelio de hoy. La madurez en el camino espiritual de este hombre está unida a una sencilla acción de limpiar, de barrer por dentro… barriendo la casa purifica su alma. Jesús purifica el templo –y la religión- expulsando a los vendedores.

Este relato de Jesús es narrado por los cuatro evangelios, pero de manera distinta. Los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) lo ubican como apertura del relato de la última pascua de Jesús en Jerusalén, unos pocos días antes de su muerte. Mientras que Juan lo pone al comienzo de la vida pública de Jesús, como la puerta de entrada a todo su trabajo de evangelización. Jesús comienza purificando el templo, limpiando y poniendo las cosas en orden, tal como hacen las buenas amas de casa en la mañana. Es un relato con una altísima carga simbólica que recoge la experiencia que vivieron los primeros seguidores de Jesús durante unos cuarenta años, desde la muerte y resurrección de Jesús hacia el año treinta hasta que se escribe este evangelio más o menos en el año noventa de nuestra era. Unos cuarenta años de camino, cuarenta años de vida… ¡toda una generación de cristianos…! No olvidemos que cada evangelista escribe en medio de una comunidad particular de seguidores de Jesús. Tratemos, entonces, de aproximarnos a la realidad de la comunidad de Juan, la que nos muestra en este relato. ¿Qué estarían viviendo esos cristianos para que Juan compusiera este relato de esta manera? ¿Y eso en qué podría ayudarnos a nosotros ahora?

Si nos fijamos en algunos detalles de este relato, podremos imaginarnos que la comunidad cristiana de Juan en su largo camino de seguimiento del Señor resucitado ha llegado a algunas convicciones, sencillas, pero profundas y enriquecedoras también para nosotros. Veamos algunas, por ejemplo:

  1. Los seguidores de Jesús saben por experiencia que el Maestro, con su muerte y resurrección, no solo es capaz de revolcar las mesas de los cambistas de monedas; también es capaz de revolcar la historia del mundo y la vida de todo aquel que se decide a seguirlo como su discípulo. Jesús es el Señor de la historia. Y yo puedo experimentar su señorío en mi vida si lo acepto también como mi Señor.
  2. Jesús es el verdadero templo, ya no de piedras y de oro, sino de carne humana, de nuestra raza. Después de la muerte en la cruz el Padre Dios ha resucitado a Jesús, ha reconstruido el templo de su cuerpo en “tres días”, y ahora vive para siempre. Jesús no solo volteó las mesas, sino también la práctica cultual antigua. De ahora en adelante el único lugar para rendir culto a Dios será el Cristo muerto y resucitado. Él es el nuevo templo “en quien habita toda la plenitud de Dios corporalmente” (Col 2,9). Él y su cuerpo que es la Iglesia. Y lo bello de esto es que quien se acerca a Jesús se descubre a su vez también como un pequeño templo habitado por el Espíritu Santo (1Cor 6,19).
  3. Cuando una persona le abre la puerta a Jesús y lo deja entrar en su vida entonces comienza a experimentar una limpieza interior hasta ahora desconocida. Jesús es capaz de liberar al ser humano… puede barrer por fuera y por dentro hasta las más aberrantes esclavitudes de cualquier persona. Él es el salvador del mundo. Y yo puede experimentar esa salvación en mi vida si lo acepto también como mi Salvador.
  4. Jesús sabe lo que hay en el corazón del hombre. Y lo sabe porque él es el verdadero hombre, el modelo de ser humano acabado y al derecho, el hombre de verdad… Y en ese hombre tan humano, los primeros cristianos -y todo aquel que se le acerca y lo conoce- descubrieron el rostro de Dios. ¡Tan humano como él solo Dios! Ese que conoce al ser humano por dentro y que me conoce a mí es también el que ama al ser humano y me ama tiernamente. Es él quien está a la puerta y llama para ver si alguien le abre la puerta… (Ap 3,20).

Pienso sinceramente que la mejor terapia para curarnos del stress, la depresión, la intolerancia, la violencia, las adicciones y de muchos de estos males modernos que nos aquejan como personas y como sociedad es barriendo por fuera y barriendo por dentro, como el hombre de nuestra historia, integrando el camino de búsqueda espiritual a la vida cotidiana, a lo que hacemos todos los días… Para un creyente que se toma en serio su fe esto implica decidirse a compartir su vida y su fe con otros hermanos en una pequeña comunidad, en la cual va descubriendo poco a poco la belleza y la profundidad de la persona y del mensaje de Jesús…

Jesús resucitado sigue volcando mesas y transformando vidas… Para el que lo acepta.

Jaime Oved smm

Jaime CabrejoBarriendo por Dentro
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