Creación de la Realidad

Hay quienes creen en el destino. Una fuerza inexorable y trágica que ya está escrita, determinada y sólo queda aceptarla pasiva y resignadamente. En esta comprensión no serías responsable de aquello que te sucede, no habría manera de cambiarlo ni evitarlo. Tu único papel es la aceptación resignada o la lucha interminable, sufrida e inútil. ¿Qué sentido tendría vivir si existiera una especie de “libro de la vida” donde todo está escrito y no hay más opciones?

Una interpretación distinta de la vida es que puedes crear tu realidad. Cada decisión, curso de acción, actitud o emoción impresa en la vida tiene la capacidad de movilizar la manifestación de una realidad concreta. Si todo lo que haces, piensas, sientes, inviertes en tu vida mantiene un mismo enfoque, tu realidad deviene estable y conserva la dirección. Más si tomas decisiones nuevas, piensas diferente, conquistas nuevas sensaciones, actitudes y cursos de acción, con seguridad tu realidad se transformará radicalmente.

Claro, quienes creen en el destino dirán que eso también estaba escrito.

La pregunta es, ¿cómo quieres vivir tu vida? Más allá de creer una cosa o la otra, esté escrito o no, ¿te animas a cambiar tu rumbo?

Hay unas tendencias muy arraigadas en nuestra cultura, tenemos tantos deseos de ganar, de surgir, de sobresalir, de ser significativos para el mundo, que frecuentemente nos olvidamos de nosotros mismos y nos confundimos con aquello que hacemos. Nos homologamos con nuestros logros, éxitos y alegrías. Allí estamos cómodos. Luego, cuando la variación se activa y el péndulo regresa, olvidamos los procesos vividos y asumimos una identificación trágica. Una identificación que ahora es costosa, pesada, dolorosa, porque ahora nos homologamos con la angustia, el enojo y el sinsabor del fracaso.

Pero, somos nuestros logros? Nos definimos por nuestros éxitos? Nos identificamos con nuestras alegrías? No, nada más falso que una identidad construida con momentos fortuitos, ingenio personal y sociedades humanas pasajeras. Menos aún, cuando es una identidad tejida de fracasos, angustias y enojos. Todo ello sólo es la máscara que cubre nuestro verdadero rostro, la sombra que opaca y oscurece nuestra luz, el traje que -al vestirlo- oculta nuestro cuerpo.

Tú decides el horizonte de tu vida

¿Cómo volver a ti? ¿Cómo regresar a tu ser? ¿Cómo despertar a la misión que se oculta tras la actividad desenfrenada? ¿Cómo el retorno a la libertad y la creación de la realidad? En un apretado resumen, podríamos proponer una guía:

  1. Las preguntas. Lo primero es comprender dónde estás y el sinfín de decisiones que te han llevado allí. Ubicarte en tu espacio y preguntarte ¿qué nivel de satisfacción tienes hoy? ¿esto es lo que quieres de la vida? ¿para esto viniste? Si quieres algo más de tu vida o deseas modificar su rumbo hacia mejores perspectivas, es hora de romper la máscara y experimentar la vida desde tu propia piel. Pregunta, cuestiona, problematiza, remueve… y ponte en camino.
  2. Hallar el Ser que eres. Ir a profundidad, conocerte, tomar contacto consciente con tus dimensiones burdas y sutiles, superficiales y profundas. Un buen comienzo es el cuerpo como tu realidad básica, tu albergue, tu casa, tu espacio y parte fundamental de tu ser. Ciertamente no eres sólo cuerpo, allí no se detiene tu búsqueda. Sólo empieza por allí, basta una caricia, un susurro amoroso, una emoción y vas a vibrar, vas a acordarte de ti y vas a Ser por un nuevo instante. Vuelve a ti, busca el cuidado primario del cuerpo, la relajación, la respiración, el movimiento, la caricia, el amor. Recuerda, retorna, siente, déjate ser y proclama la metáfora de ti… visita tu profundidad y allí encuentra tu “yo soy”. Evita los conceptos, las cualidades, las convicciones. Acoge las imágenes, las comparaciones, los símiles y los símbolos.
  3. Soñar el sueño. Ese “yo soy” que eres, ¿hacia dónde se dirige? ¿Qué quiere? ¿Qué espera realizar, alcanzar, obrar? Suéñalo, imagínalo, dale vida en tu mente, en tu cuerpo, en tus emociones, en tu ser… y ponte una meta, una etapa realizable, retadora y urgente de ese sueño. Conviértelo en la primera escala del camino que deseas recorrer, la vida que quieres vivir y la entrega que de ti quieres hacer.
  4. Proyéctate. Eres proyecto, proyección, flecha lanzadas por el arco de la vida cuya cuerda es una aleación de tres materiales muy poderosos: identidad, misión y sentido. Los tres juntos, perfectamente trenzados y estrechamente unidos, lanzan tus sueños, pensamientos y emociones más allá del limitado horizonte de tus miedos. Pregúntate, ¿cómo te verás cuando hayas alcanzado tu primera meta? ¿Cómo estará tu cuerpo? ¿Qué será de tu respiración y tus gestos? ¿Cómo y con quién entrarás en relación y cuál será el talante de tus encuentros? ¿Qué harás, qué vestirás, qué será de los seres que amas y están contigo siempre? Responde, ¿cómo te sentirás cuando hayas alcanzado tu primera meta? ¿Qué emociones, qué anhelos, qué pasiones albergarán tu cuerpo? Describe tu salud, tu bienestar, el placer y la armonía de tu vida en ese momento eterno. Y toma conciencia de tus diálogos internos, ¿qué te dirás cuando hayas alcanzado tu primera meta? De ti, de los otros, del universo y de Dios mismo, ¿qué pensarás en esos momentos? ¿Qué te dirán y cómo acogerás lo que dicen otros de ti en tu cara y para sus adentros?
  5. Crea. Los dinamismos de creación a tu disposición paradójicamente son aquellos mismos que te enredan en momentos de tensión, angustia y desorientación. Es una fuerza que multiplica aquello que contiene, cuanto más desorganizada y caótica, mayor caos y fracaso proyecta hacia el futuro, perpetuándose a sí misma. Por ello, es imperativo organizarla, decidirla, cultivarla y mantenerla en la línea de tu propia identidad, tu misión y el sentido que has hallado. Constituyen el compromiso mayor de todo tu propósito de creación de tu realidad. Si fallas ante este compromiso, te expones a regresar a situaciones, espacios y relaciones indeseadas del pasado. Es necesario decidir, ¿qué pensamientos quieres mantener? ¿Con qué tipo de creencias enfrentarás tu vida? ¿Cuál será tu paradigma rector en lo que sigue de tu vida?; determinar, ¿qué emociones debes cultivar? ¿Cuáles serán los sentimientos más recurrentes y de qué manera vivirás aún tus momentos menos satisfactorios?; finalmente, emprender acciones congruentes con aquello que deseas, desarrollar hábitos sanos y actitudes que te acerquen a la meta.

Hasta aquí tienes un plan… y un plan es para realizarlo, de lo contrario no tiene sentido ni aporta nada nuevo. Mantenlo presente, escríbelo, píntalo, grafícalo… Y céntrate en cultivar tus dinamismos de creación, sé fiel a ellos y disfruta el proceso. Vas a notar ciertas resistencias cuando quieres cambiar de rumbo y allí necesitarás determinación y fidelidad a tu proyecto y a tu sueño.

Muchas personas le apuntan a mantener una ruta estricta y definida a lo largo de toda su vida. Y funciona, a fuerza de práctica te conviertes en maestro de lo que realizas día a día. Eso si, asegúrate que esa maestría apasiona tu vida, invierte tus mejores talentos y te hace feliz. De otra manera, cambia la estrategia, reoriéntate y crea una nueva realidad. Porque todo, todo cuanto vives es tu responsabilidad y lo mejor de esto es tu que puedes cambiar cuando quieras. Responsablemente decides mantener la misma ruta o dirigirte a otro lugar, por distinto camino, con diferentes acompañantes o con objetivos diversos.

Tú lo decides, tu vida está en tus manos… allí está tu destino, haz la diferencia.

Ever VegaCreación de la Realidad
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