En la Montaña

LA PALABRA EN LA VIDA

21 de febrero de 2016

 Lucas 9,28b-36

Éste es mi Hijo elegido. Escúchenlo.

Ya toda me entregué y di,

y de tal suerte he trocado,

que mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

 

Cuando el dulce Cazador

me tiró y dejó herida,

en los brazos del amor

mi alma quedó rendida;

 

y, cobrando nueva vida,

de tal manera he trocado,

que mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

 

Hirióme con una flecha

enherbolada de amor,

y mi alma quedó hecha

una con su Criador;

 

ya yo no quiero otro amor,

pues a mi Dios me he entregado,

y mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

Santa Teresa de Jesús (España, 1512-1582)
La Experiencia Mística

Este sencillo poema recoge los sentimientos más elevados de una mujer que ha llegado al máximo nivel de espiritualidad al que puede llegar un ser humano: la experiencia mística. Santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz son los máximos representantes de la mística cristiana. Son ellos quienes más alto han llegado en este camino.

Por experiencia mística entendemos lo que le sucede a todo creyente cuando buscando a Dios se encuentra con él y experimenta su presencia de manera directa. Se trata de una experiencia trascendente que supera el tiempo y el espacio y hace entrar al creyente en la esfera del misterio, de la eternidad de Dios. En todas las religiones serias encontramos “místicos”, es decir, personas que han llegado a experimentar la divinidad de manera directa. No se trata de gente extraordinaria, sino de personas comunes y corrientes que se han dispuesto de manera sencilla y sincera a buscar a Dios y éste se ha dejado encontrar.

En la oferta religiosa de la sociedad actual encontramos a mucha gente que dice haber tenido revelaciones, apariciones, mensajes divinos y cosas por el estilo, que bien podrían entrar en el ámbito de las experiencias trascendentes o místicas. Pero no todas son auténticas y algunas de ellas son francamente engañosas y desviantes de una sana espiritualidad.

Para no perderse lo mejor es buscar en la mejor fuente que tenemos: el Evangelio. Y justamente, eso es lo que nos presenta el evangelio de la liturgia de hoy. ¡Una auténtica experiencia mística! Se trata de la llamada “transfiguración” de Jesús. Veamos algunos elementos del relato de Lucas que nos pueden dar algunos criterios para discernir una auténtica experiencia mística y también para buscar un nivel más alto de espiritualidad.

Rasgos de Autenticidad

Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar… Es el Señor quien toma la iniciativa y de manera gratuita les ofrece a sus discípulos la posibilidad de ascender, de ir más alto, de subir a la montaña y encontrarse con él para experimentar de manera directa el infinito amor que el Padre Dios nos da. Propiamente los discípulos no buscan la experiencia mística, sino que se disponen a la acción de Dios y éste se les revela de manera gratuita.

Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa resplandecía de blancura…        A Jesús se le sale lo de dentro hacia afuera, es decir, que muestra por fuera la blancura y la luz que lleva por dentro. Es el Reino de Dios que se le sale a Jesús por la piel. El rostro y la ropa resplandecientes son una realidad palpable que Lucas utiliza para hablar de una realidad inefable que está más allá del alcance de los sentidos, pero que se deja percibir momentáneamente por los sentidos. En la auténtica experiencia mística el creyente percibe la hermosura de Dios de manera directa a través de los sentidos, pero más allá de los sentidos…

Moisés y Elías… Se trata de los mayores representantes del Antigua Testamento. Moisés representa la Alianza y la ley, mientras que Elías es el profeta por excelencia, el más grande de todos y al cual esperaban que regresara de nuevo algún día. Moisés y Elías hablan con Jesús. Es el Antiguo Testamento que habla con el Nuevo Testamento: la biblia entera en diálogo…

Vino una nube que les hizo sombra… La nube es una bellísima imagen que viene del Antiguo Testamento para hablar de la “gloria” de Dios, de su presencia. Es una rica metáfora que dice mucho de lo que es Dios: la nube tiene vida, da sombra, se desplaza a donde quiere, acompaña, cubre, descarga torrentes de agua y relámpagos de fuego, etc. Los israelitas vieron en la nube un signo de la presencia de Dios… Los discípulos entraron en la esfera de Dios, se sintieron cubiertos con su sombra, como María a la sombra del Altísimo…

Éste es mi Hijo elegido. Escúchenlo… El padre Dios confirma lo que Jesús experimentó en su bautismo en el Jordán. Es el Hijo… es el elegido… el Mesías… Es la Palabra hecha carne que hace nuevas creaturas cuando la escucha, es decir cuando se dejan traspasar por su amor… Jesús es el único Señor y el único Salvador…

Al escucharse la voz, se encontraba Jesús solo… La clave de toda experiencia de Dios auténtica es la persona de Jesús y su mensaje (el Evangelio). La espiritualidad más sana es la que pone al centro de todo el amor. Y eso es lo que encontramos en Jesús. En él no hay pérdida… todo es ganancia si lo seguimos de cerca…

Ellos guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto Cuando se vive una auténtica experiencia de Dios sobran las palabras, lo que cuenta es la vida con toda su intensidad. Las palabras nunca lograrán expresar a cabalidad lo que se vive en una experiencia directa de encuentro con Dios. Por el eso el verdadero místico, el hombre de Dios, no habla mucho. Solo habla de lo que vive y eso se expresa más con la vida que con la boca.

Estos son algunos elementos de este bello texto que nos pueden ayudar a entender y a orientarnos en nuestro camino espiritual. Sin duda el Señor nos revelará más cosas cuando hagamos los otros pasos de la Lectio Divina: la meditación, la oración y la acción.

Una recomendación muy importante:

Todas las experiencias espirituales que vivamos es necesario confrontarlas con un buen acompañante espiritual que nos ayudará a discernir su autenticidad y los pasos a seguir, siempre en comunión con otros hermanos en la Iglesia. Jamás comunicar mensajes supuestamente divinos o revelaciones sin estar seguros de que se trata realmente de cosas de Dios y sin confrontarlas con la Iglesia. Recuerda que Dios no hace ruido y el ruido no es de Dios.

Jaime Oved smm

Ever VegaEn la Montaña
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