La Sabiduría de Don Julio

Don Julio

Nació en un pequeño pueblo de Colombia, un lugar enclavado entre las montañas, frío y oculto por la niebla frecuente. Las pocas familias que allí han vivido por generaciones comparten su amor por la tierra, el empeño en el trabajo y las convicciones religiosas populares.

Desde el comienzo tuvo dificultades. Nunca conoció a su padre, su madre murio apenas darlo a luz y sus abuelos también faltaron un par de años más tarde. A pesar que sus tías se encargaron de criarlo y compartía con muchos niños, aprendió a convivir con la soledad y la falta de amor familiar. Apenas pudo, escapó de su pueblo, salió a los 11 años. Regresaba frecuentemente, pero nunca se quedó. Según se propia expresión, “de Palermo (su pueblo), sólo saqué una cosa valiosa, mi mujer”. Después de recorrer por muchos lugares de Colombia, regresó, se casó con Rosita y viajó al llano.

Allí empezó un capítulo distinto. El lugar era exigente en el trabajo, solitario y alejado del desarrollo técnico y tecnológico. Sin embargo, constituyeron un espacio lleno de amor, emprendimiento y familia. Tres hijos colorearon el paisaje familiar. Siempre unidos, armónicos y en paz. Desde sus extravíos con el alcohol, hasta las largas separaciones de los hijos para estudiar. Trabajo, sociedad, amistades, resistencia social y civil frente a los grupo armados al margen de la ley… fueron sólo algunas de las actividades que lideró en la región.

Después de cuarenta años de actividad allí, se retiró. Vivía con su esposa en Villavicencio, la principal ciudad de los llanos. Sus pasatiempos favoritos siempre fueron la buena charla acompañada de una cerveza, el silencio animado por momentos de soledad y montar en bicicleta.

Sabiduría de Don Julio

Don Julio Vega, fue mi padre, fue un hombre auténtico, sabio y feliz.  Tenía una simplicidad y un sentido común muy afinado. Me enseñó varias cosas y como un homenaje a él quiero compartir algunas de ellas:

  1. Me enseñó que todas las cosas de la vida, sin excepción, tienen la importancia que uno mismo les dé.  Cada quién determina qué es importante y cómo lo vive. Frente a situaciones difíciles del pasado o frente a hechos decepcionantes solía decir: “eso ya no importa, la gente hace lo que mejor puede y lo que alcanza a comprender”. Nada del pasado puede afectarnos, sólo la importancia que le damos hoy y el lugar en que nos ubicamos de acuerdo con esos hechos.
  2. Me enseñó que no es más libre quien más tiene, sino quien menos necesita.  Abundancia, éxito y prosperidad son conceptos móviles, que significan distinto de acuerdo con quien los vive, sus prioridades y sueños. Se declaraba un hombre satisfecho con la vida vivida, integrando allí su profundo agradecimiento con la mujer que lo acompañó toda la vida, su relación de afecto y humor con cada uno de los hijos y el cumplimiento de sus sueños, por demás simples y sencillos.
  3. Me enseñó que no es importante la idea que tienes de Dios, sino la experiencia de trascendencia y el desarrollo de un nivel de conciencia que acceda a la plenitud y rompa la finitud. Proveniente de una región muy religiosa, siempre fue fiel a sus convicciones y crítico de lo que él llamaba “vendedores de religión”. Rituales, silencios prolongados, conversaciones, lecturas de todo tipo de temas… todo esto alimentaba su espíritu y le daba herramientas para su desarrollo, paz interior y alegría permanente.
  4. Me enseñó que no vale la pena coleccionar verdades, que es mejor llenar se sentido los acontecimientos del día a día y hacer de la cotidianidad todo un universo de significados nuevos y personalizados. La tarea fundamental del ser humano es hallar sentido y leer la vida. Y esta lectura no es distinta del vivir cotidiano, de las relaciones de todos los días, las tareas sencillas de cada uno y la acogida del ser allí en cada cosa.
  5. Me enseñó que no hay un destino trazado para los seres humanos, sino que cada quién se labra su existencia en la medida en que responde a la vida, la acoge con amor y la crea con pasión. La vida plantea un diálogo, te dice cosas y espera tu respuesta… de esa respuesta depende todo el camino que recorras. No hay dificultades en el camino, las dificultades suelen ser el camino y de la forma como lo sorteas y lo caminas dependen los resultados que obtienes en todos lo ámbitos.
  6. Me enseñó que la vida compartida y en comunión con otros es mas gozosa y nos da la oportunidad de servir y crecer. De la soledad aprendió a apreciar la compañía. Incluso, el disfrute de la soledad pasa por degustar la compañía de sí mismo. Tal vez “no necesites” a nadie a tu lado en determinados momentos, pero si te abres a la comunión, al compartir, muchas cosas pueden cambiar en términos de gozo, servicio y crecimiento.
  7. Me enseñó que el buen humor es el mejor ritual que puedas construir… lo puedes volver cotidiano, compartirlo con los demás y convertirlo en tu terapia favorita al reírte de ti mismo, sin tomarte tan en serio. Si la vida se convierte en un asunto demasiado serio, en un cúmulo de deberes y obligaciones; será más difícil gozarla y convertirla en una fiesta. El humor, el chiste, la historia, ayudan a releer la vida, a sacarle una sonrisa y a compartirla con alegría.

Su historia se seguirá contando y estas enseñanzas hechas vida iluminarán la vida de muchos que lo conocimos y vivimos cerca. Y ya no importa cuánto tiempo ni a cuánta gente, su existencia ya es infinita y participa del océano sin límites de la vida que a todos nos alimenta. Dejó de ser una gotica iluminada y se disolvió en océano de luz y totalidad de sus anhelos.

Ever VegaLa Sabiduría de Don Julio
Loading Facebook Comments ...

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *