Queremos Ver a Jesús

LA PALABRA EN LA VIDA

22 de marzo de 2015

 

Juan 12,20-33

Unos griegos acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: –Señor, queremos ver a Jesús.

Queremos ver a Jesús…

El tamal es un plato popular colombiano que se prepara de diversas maneras en cada región, pero que tiene dos cosas que lo caracterizan y que por eso nunca cambian: la “presa”, es decir el trozo de carne y su envoltura típica de hojas de plátano o de otras plantas, las cuales le dan su sabor particular. No es raro, pues, encontrar relatos referentes al tamal en la tradición popular. Mi madre se goza contando y recontando la historia de un gringo (americano de USA) al que le preguntan si le gustó el tamal que le habían regalado en días anteriores, ante lo cual respondió: “¡Oh, sí, yes! Tamal estar muy bueno. Único problema es que hojas de lechuga estar muy duras de masticar”. ¡El gringo se había comido las hojas del tamal!

Guardadas las proporciones, tengo la impresión de que a veces a nosotros nos sucede lo mismo con respecto al evangelio. Nos comemos las hojas que lo envuelven como cultura religiosa, y dejamos sin probar las delicias de la “presa” que hay por dentro, es decir la persona de Jesús y su mensaje. En el relato del evangelio de hoy contemplamos a unos extranjeros griegos que atraídos por el nazareno se acercan a Felipe y le dicen: “Queremos ver a Jesús… Y el mismo Jesús manifiesta: “Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Tratemos, pues, de ir más allá de las hojas para saborear a Jesús como el ingrediente principal de nuestra fe. ¿Qué tiene de especial este galileo que lo hace tan atractivo incluso para gente que no cree en Dios? Leyendo con atención y con amor los relatos del evangelio no es difícil darnos cuenta que la vida y el mensaje de Jesús tienen un brillo singular que atraen a mucha gente que lo siguen hasta llegar incluso a dar su vida por él. Los autores de los evangelios no pretendieron componer una biografía de Jesús, pero sí dejaron consignados algunos rasgos que nos permiten acercarnos a la persona y al mensaje de Jesús.

De Jesús atrae su misma persona.

Jesús es un hombre libre: nació pobre y vivió pobre y trabajador, al margen del poder y de los poderosos del imperio y de Israel, es el hijo del carpintero… el hijo de María… Tomó la condición de esclavo haciéndose uno de tantos… Es libre frente a la ley… Es libre frente a las tradiciones… Es libre frente a la enfermedad y al fatalismo. Es libre incluso frente a la muerte, porque no se apega a la vida sino que la entrega… Jesús es un hombre amable y amoroso: todos los que se acercan a Jesús se sienten amados por él; nadie se excluye de su amor, incluso los que se consideran sus enemigos; se compadece de los que sufren y sufre con ellos; pero también se deja acoger por parte de los pobres y de los pecadores, se deja amar por ellos… Jesús habla con autoridad: todos lo reconocen; no como los fariseos y los profesionales de la fe; habla desde lo que vive, su palabra tiene autoridad porque es sencilla, sin artilugios, en parábolas y en historias que todos entienden. Jesús tiene sus preferencias y sus preferidos: la pobreza, el trabajo, la sencillez, los pobres y los débiles, los enfermos, los niños, los pecadores, las prostitutas, los recolectores de impuestos… Jesús prefiera lo pobre y los pobres. En Jesús se hace cercana la divinidad: quien ve a Jesús ve al Padre Dios, porque Jesús es transparente… Nunca nadie hasta ahora había reflejado de manera tan clara y tan cercana los rasgos de un Dios misericordioso, cercano a los hombres… El evangelista Juan y los otros autores del Nuevo Testamento no encuentran palabras para referirse al impacto que les produjo el encuentro con la maravillosa persona de Jesús. En los títulos con los que refieren a Jesús podemos entrever tantos rasgos atractivos de la persona de Jesús: el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, el grano que cae en tierra, la puerta de las ovejas, el buen pastor, el camino, la luz del mundo, la palabra hecha carne, el camino verdadero, el sol que nace de lo alto, la vida verdadera… De Jesús atrae su persona.

De Jesús atrae su mensaje.

Los seguidores de Jesús se sintieron fascinados por la palabra sencilla y profunda de Jesús porque había en ella algo maravillosamente eterno y al mismo tiempo maravillosamente nuevo, una Buena Noticia: el Evangelio. Jesús tenía la extraordinaria capacidad de hablar de las cosas eternas de manera sencilla y para gente sencilla. Sus oyentes se sentían transportados por sus palabras a un reino muy lejano y al mismo tiempo muy cercano: el reino de Dios. Por medio de parábolas, de analogías, de actuaciones proféticas y de sentencias populares Jesús proclamó el Reino de Dios. La Buena Noticia que revela Jesús es que ese Dios que conocieron los israelitas como Yahvé es un papá (Abbá) lleno de amor hacia todas sus creaturas, pero de manera especial hacia los más débiles. Ese Dios papá ya está actuando en el universo y en la historia, pero de manera especial en corazón de los seres humanos. Si permitimos que Dios asuma el lugar que le corresponde como creador y señor de todos y de todo entonces los seres humanos llegaremos a comprender lo que realmente somos: sus hijos, administradores de la creación y hermanos unos de otros. Que Dios reine significa que el ser humano sea verdaderamente hombre y siendo verdaderamente hombre será también verdaderamente divino. Quien recibe esta buena noticia se vuelve una persona nueva por la acción del Espíritu Santo que es el mismo amor de Dios hecho persona. De Jesús atrae su mensaje.

Jesús es la buena semilla de Dios que cayó en tierra y murió… y resucitó… y dio mucho fruto… y ese fruto permanece… En él se funden maravillosamente su persona y su mensaje. Jesús es creíble porque en él funcionó el reino de Dios. Sus discípulos vieron en Él al mismo Reino de Dios andando por los caminos polvorientos de Palestina. La manera como entregó su vida, como murió en la cruz, hizo que su palabra se cumpliera: “Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”… Y han sido muchos… y hoy somos muchos… los que nos seguimos sintiendo fascinados por Jesús… por su persona… y por su palabra… y queremos verlo… y queremos seguirlo… y queremos conocerlo más y amarlo más… y queremos anunciarlo como Buena Noticia para ese mundo…

¿Tú también quieres ver a Jesús?

Jaime Oved smm

Jaime CabrejoQueremos Ver a Jesús
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