Sanador Sagrado

HOMILÍA DEL DOMINGO 8 DE FEBRERO DE 2015

Marcos 1,29-39

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo comunicaron inmediatamente.  Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Acaba de terminar la eucaristía y mientras la gente se despide en la puerta del templo se me acerca una de las feligreses y me dice:

– Padre, ¿usted tendría unos cinco minutos para escucharme ahora, por favor?

Un par de lágrimas descienden discretamente por su rostro. Se nota que está agobiada y que necesita ser escuchada.

– Claro, con mucho gusto. Venga y me cuenta qué le está pasando.

Y nos sentamos en la sala para un diálogo de “cinco minutos”. Ella comienza a hablar en voz baja y poco a poco, a medida que el elenco de afrentas, heridas y dolores se hace más largo y más amargo, va subiendo el tono de la voz. Pasan los cinco minutos, el relato continúa… Pasan treinta minutos… Pasa una hora y aún no termina de contar todos sus dolores. Y mientras tanto yo solo atino a mover la cabeza afirmativamente y voy diciendo: Sí… sí… Humm… Claro… claro… La voz de la mujer se transforma ahora en un sollozo amargo entretejido con frases y palabras pronunciadas a medias, un discurso apenas comprensible, pero que va creando un ambiente de confidencia y desahogo… Finalmente, un hondo suspiro y un largo minuto de silencio…

– ¿Puedo darle un abrazo?

– Sí, claro, padre, muchas gracias…

Otro minuto de silencio y ahora ella recoge sus cosas, mira su celular y exclama preocupada:

– ¡Cómo pasa el tiempo, tengo que irme! ¡Ya es muy tarde! Gracias por este rato tan hermoso. Me siento mucho mejor. Con Usted sí que se habla bueno, padre. Después continuaremos si tiene otro tiempito. Gracias.

Y sale apresurada mientras yo me pregunto, entre otras cosas, qué significa esto que todos llamamos tiempo.

………

¿Cómo Cura Jesús?

Muchos testimonios del evangelio nos presentan a Jesús como un taumaturgo, es decir, un sanador sagrado, uno que cura en nombre de Dios. Pero no se trata de un sanador común y corriente. Jesús es un hombre especial y también su manera de sanar tiene unas características particulares que llaman mucho la atención. ¿Pero cómo cura Jesús?

En el relato del evangelio de hoy encontramos a Jesús en la casa de Santiago y Juan sanando a “todos” los enfermos y endemoniados que le trajeron. Y entre ellos se destaca de manera especial la curación de la suegra de Pedro. Si observamos con detenimiento podremos descubrir algunos valiosos detalles en este relato que nos ayudan a responder esta pregunta.

  1. En primer lugar, Jesús no es sacerdote, de raza sacerdotal, escogido como Zacarías. Jesús es Galileo. Un hombre del pueblo, trabajador y carpintero, para más señas. No vive en el templo, sino que va por los caminos con un grupito de amigos, de pueblo en pueblo, hablando del Reino de Dios. No tiene una buena reputación entre la gente más importante y religiosa de su tiempo. Aquí lo vemos en una casa de familia. Y es aquí donde encuentra a los enfermos. En un ambiente profano, el de todos los días, el de la gente del común y corriente.
  2. Los que acuden a él son los pobres. Gente sin instrucción y sin recursos para pagar todo lo que costaba un tratamiento con los escasos médicos de su tiempo. Los pobres y los débiles serán siempre los preferidos de Jesús y los primeros destinatarios de su misión y de la de todos los que pretendemos seguirlo.
  3. A través de cuatro verbos nos cuenta Marcos lo que hizo Jesús para curar a la suegra de Simón: se acercó, la tomó de la mano, la levantó y ella se puso a servirles. Tenemos aquí todo un proceso de sanación que nosotros también podríamos llamar hoy un proceso de evangelización:

– Acercamiento… Proximidad. Jesús se acerca a los enfermos, los trata como personas, sin distancias, es uno más de ellos;

– Contacto, afecto… toma a los enfermos de la mano, los toca, los acaricia, entra en contacto con ellos, con sus cuerpos heridos y sus almas enfermas;

– Levantamiento, ascenso, resurrección. Jesús eleva a los que toca, les devuelve su dignidad, los hace mejores personas, seres humanos libres… “levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre…” (Sal 113,7; 1Sam 2,8);

– Servicio, Koinonía, vida de comunidad. Era una buena mujer que por causa de su enfermedad se encontraba incapacitada, separada de la familia y de la comunidad. Eso mismo les pasaba –y les pasa hoy- a todos los enfermos. Pero el proceso que vive con Jesús le devuelve la fuerza y la esperanza, las ganas de vivir y de hacer algo bello por los otros. A partir de ese momento podemos imaginarnos a la suegra de Pedro como una persona llena de vida, sin quejambres, integrada a la familia y a la comunidad, feliz…

  1. El relato se cierra mostrándonos otros dos detalles importantes: Jesús se retiró al amanecer aparte a orar y cuando los discípulos lo encontraron los invitó a otras aldeas de Galilea para continuar su allí su obra. Queda así abierto el camino para que nosotros lo sigamos allí a donde vaya Jesús.

Muchas más cosas podríamos resaltar de lo que nos dice hoy el Señor en su Palabra. Dejemos que algunos interrogantes nos ronden la mente y el corazón: ¿Cuántos enfermos de cuerpo y de alma hay a mi alrededor? ¿Qué podría hacer yo para sanarlos? ¿Qué me enseña hoy Jesús en el evangelio?

Buena semana.

Jaime Oved smm

Fotografía: Padre Jorge Enrique González smm, Misionero Montfortiano, en diálogo con dos mujeres de la etnia Tucana en la misión Santa Teresita de Piramirí (Vaupés). Colombia. 19-08-2004

Jaime CabrejoSanador Sagrado
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