Sufrir como mulas

LA PALABRA EN LA VIDA

29 de marzo de 2015

 

Marcos 14,1-15.47

Lo crucificaron y se repartieron su ropa, echando a suertes lo que le tocara a cada uno. Era la hora tercia cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de la condena decía: El rey de los judíos. Con él crucificaron a dos asaltantes, uno a la derecha y otro a la izquierda.

La cruz es un gran misterio

tan profundo y celestial,

que sin especiales luces

comprenderlo no podrás.

 

Para entenderlo hace falta

un espíritu selecto;

mas es preciso aceptarlo

para llegar a los cielos.

 

La cruz nos es necesaria,

hay que sufrir ahora y siempre:

o subir hasta el Calvario

o perderse eternamente…

 

El Señor llamó a san Pedro

peligroso Satanás,

porque quiso de la cruz

sus miradas alejar…

 

Los santos sólo buscaron

las cruces mientras vivieron

eran su única elección

y su más ferviente anhelo…

 

Por la senda de la cruz,

a la patria caminemos,

que es un camino de vida

y de reyes es sendero;

 

la piedra ha de ser tallada

con medida y proporción

para que encuentre su puesto

en la celestial mansión.

(Montfort, fragmento del Cántico 19: el triunfo de la cruz)

  Sufrir como mulas…

Escuché a un viejo misionero comentar este hermoso cántico de San Luis María de Montfort diciendo que ningún ser humano puede evitar el sufrimiento durante su vida, pero que sin embargo, sí puede cambiar su actitud ante el sufrimiento, su manera de sufrir. Y decía que contemplando las tres cruces del calvario podemos encontrar tres maneras de sufrir: como mulas, como tontos o como santos.

Leyendo el relato de la pasión según san Marcos que nos presenta la liturgia de este domingo y los otros relatos de la pasión que leeremos durante el triduo pascual podemos encontrar estos mismos tres tipos de personas y de actitudes. Intentemos descubrirlas.

Sufrir como mulas. El primer ladrón que sufre en la cruz los mismos tormentos de Jesús, pero sufre con amargura y resentimiento, insultando a Jesús. Judas que traiciona a su maestro con un beso y después llora amargamente su traición. Los fariseos y sumos sacerdotes felices de haber llevado a la muerte a un inocente. Los guerrilleros celotes crucificados por centenares en los caminos, pero que no pierden ocasión para pasar a cuchillo a los romanos cuando tienen oportunidad… Pilatos y Herodes que se desencartan de Jesús para ganarse el favor de la multitud. Pedro que jura que no conoce a Jesús y después sale afuera para llorar amargamente. Los soldados que se desenfrenan en una violencia gratuita y atroz… Eso es sufrir como las mulas, “a lo bestia”. Me hace pensar en las personas que experimentan algunos tipos de dolores, pequeños o grandes, pero que les echan la culpa de su sufrimiento a los demás. Tienen una actitud enfermiza hacia el sufrimiento y hacia los demás: “sufro yo, pero no puedo sufrir solo, los otros también que sufran”. Son personas resentidas que le cobran su dolor a los demás, especialmente a los más cercanos, por medio de explosiones de agresión o suministrándoles pequeñas dosis cotidianas de amargura. Siempre hay un culpable de mi dolor y ese culpable debe pagar de alguna manera.

Sufrir como tontos. Los apóstoles que impotentes ven como su maestro es condenado a muerte injustamente, pero no hacen otra cosa sino huir, encerrarse y llorar en silencio. La multitud que aclama emocionada a Jesús como rey de Israel el domingo de ramos y que después grita el viernes santo para que lo condenen a muerte. ¿Dónde están ahora todos los enfermos que recibieron la curación de manos de Jesús? ¿Dónde están ahora los miles que llenaron el estómago con el pan y los peces del Maestro? ¿Y los valientes hijos del trueno?… Todos hacen parte de un pueblo sometido brutalmente a la autoridad y a los abusos de los romanos, pero no se rebelan contra ellos, sino que descargan su resentimiento contra un inocente. Sí. Hay personas que soportan sus sufrimientos no con paciencia sino con amargada resignación. Detrás de su actitud aparentemente pacífica y resignada se esconde una patología masoquista casi morbosa que atribuye a la voluntad de Dios su incapacidad para tomar en sus manos la responsabilidad de su propia vida y las consecuencias de sus decisiones o de su falta de ellas. Es el caso por ejemplo de muchos pobres que descuidan los hábitos de higiene y de salud, sumándole frecuentemente un alto consumo de alcohol, y manifiestan que su pobreza es un castigo de Dios. Son frecuentes expresiones como: “Eso es voluntad de Dios. Qué le vamos a hacer”. Eso es sufrir como tontos.

Sufrir como santos. Pero también hay personas como Jesús, como María, como el cireneo, como la Verónica y las otras mujeres al pie de la cruz, como la madre Teresa de Calcuta -y sin duda mucha gente que conocemos nosotros- que sufre dolorosamente, pero que lo hace con una dulzura y un amor tales que no podemos dudar que se trata de gente santa. El sufrimiento no las destruye sino que las hace mejores personas, mejores seres humanos. Es admirable ver como Jesús clavado en la cruz es capaz de tener palabras de ternura para con su madre, para con el discípulo amado, para con el ladrón arrepentido, e incluso para sus verdugos cuando ora al padre diciendo: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Eso es sufrir amando. Eso es sufrir salvando. Eso es sufrir como santos…

¿Y tú cómo estás sufriendo?

Jaime Oved smm

Ever VegaSufrir como mulas
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