Viaje Espiritual y Viajero del Silencio

 

El movimiento es constitutivo de los seres humanos.  Es más, sólo las criaturas que se mueven están equipadas con sistema nervioso, según los estudios del neurocientífico colombiano Rodolfo Llinás.  Sólo las especies capaces de moverse tienen sistema nervioso.  Las esporas marítimas que van moviéndose a través del océano, una vez que se anclan en los corales o arrecifes, dejan de moverse, ya no necesitan sistema nervioso y lo digieren para petrificarse en su nuevo hábitat.

 

Al principio,  las tribus nómadas estaban siempre en camino, era un asunto de sobrevivencia.  Luego con el sedentarismo, las cosechas y un nuevo concepto de familia hicieron que los grupos humanos prefirieran mantenerse en un mismo lugar.  Sin embargo, la prosperidad y la innovación llegó a través de los mercaderes y comerciantes que se desplazaban entre aldeas y tribus para comercializar productos, intercambiar, mejorar las semillas y demás.  Otro tanto ocurrió con las épocas del servilismo y las monarquías, cuando sólo los señores hacían viajes, conocían lugares, se educaban y conquistaban.  Incluso los plebeyos tenían que hacer parte de algún ejercito para poder moverse, conocer y avanzar socialmente.

 

Con el nacimiento de las repúblicas, los derechos humanos y las libertades; los viajes, el conocimiento de otras manifestaciones culturales, societarias y productivas han marcado la evolución de los pueblos, los avances sociales y el desarrollo de nuevas formas de producción, asociación y vínculos humanos. El movimiento sigue siendo sinónimo de oportunidad evolutiva, de crecimiento y exploración del potencial humano.

 

No es distinto con la evolución espiritual.  Desde las culturas que adoraron la naturaleza, hasta las confesiones más extravagantes, pasando por los testimonios más respetados de hombres y mujeres que destacaron en la historia del mundo por su profundidad y sabiduría, han recorrido un camino evolutivo, un movimiento interior, integral y personal.  Como metáfora de este proceso interior nacieron los viajes espirituales.  Peregrinaciones a un templo, a un tótem, la consagración de un guerrero, la coronación de un rey, los votos de un religioso… en fin, gran cantidad de eventos de carácter espiritual se simbolizaban con un viaje.  No era el viaje lo importante, sólo era la metáfora del proceso interior que vivía el individuo, la familia o la comunidad.

 

En Escuela de Sabiduría no hacemos un viaje espiritual, no puede programarse un viaje interior, cada quién lo recorre espontáneamente desde su nacimiento hasta su muerte.  Sólo preparamos al VIAJERO, entrenamos a la persona para vivir a profundidad el viaje en que está desde siempre… sólo necesita aceptarlo, comprenderlo y recorrerlo de manera consciente y profunda.

 

Todos somos viajeros, aún cuando nunca salgamos de nuestro pueblo o ciudad.  Nuestro viaje es interior, es una migración constante que nos invita a salir de nuestros lugares conocidos y seguros, para aventurarnos en lo desconocido, lo incómodo y a movernos hacia la incertidumbre.  No es la seguridad lo que más nos motiva, es la incertidumbre de lo desconocido, la desproporción enorme de potencial inexplorado, inactivo e improductivo.  No es un viaje hacia afuera.  Podemos viajar por todo el mundo sin mover un ápice de nuestra interioridad o nuestro potencial.  Es una migración interior, un descubrimiento de sí mismo y una conquista de nuevas opciones de manifestación en el mundo que vivimos.

 

En Escuela de Sabiduría hemos descubierto un tipo de viajero muy particular: el viajero del silencio.  Lejos de la algarabía interior, del parloteo mental que no deja escuchar al ser auténtico, a la Sabiduría que nos habita.  El silencio es una actitud en la vida, una forma de vivir la aventura interior.  Se trata de poner entre paréntesis las vivencias, razones, juicios, justificaciones y creencias, para salir de la memoria y vivir en realidad cada día como una nueva aventura, una nueva oportunidad y una nueva vida.  Más allá de los ajetreos, preocupaciones o deseos que podamos experimentar, descubrir el sabor del presente y vivirlo intensamente.

 

Los viajes físicos suelen ser un gozo y una gran oportunidad de crecimiento, aprendizaje y progreso, pero sólo te hace evolucionar el proceso interior, la vida vivida en presente, en primera persona, en atención y conciencia.  Viajero del Silencio es un proceso para la creación del propio camino interior, para el desarrollo espiritual y la inversión plena de tu potencial.

 

Puedes recorrer el mundo entero y sólo llenarte de imágenes nuevas, trazos culturales y poblar aún más tu alborotado mundo interior.  Aunque seguirán siendo divertidos, no hay comparación con el gozo de tu ser profundo, del encanto interior que reside en ti y te invita a abandonarte en el océano sin límites de gratitud, sentido y gracia. 

 

Siempre estás en movimiento, tu viaje es constante y estás en él desde que fuiste invitado a este mundo y lo serás hasta que lo abandones.  ¿No crees que mereces capacitarte como un viajero calificado, profundo y pleno? Haz que tu movimiento cuente para ti, para el mundo, para los tuyos, sé un viajero del silencio.

 

Ever Vega Benavides

Director de Escuela de Sabiduría

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